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Breve historia del surgimiento del teatro con vecinos en Argentina

En Argentina, se comienza a hacer teatro con vecinos a partir de la debilidad y el deterioro que había vivido el país durante tantos años de dictadura y ante una necesidad auténtica de desmontar la pasividad heredada de esos años funestos con el trabajo artístico a partir de la identidad y la memoria y para cicatrizar las heridas abiertas y, a partir del recuerdo, ponerse al servicio de un proyecto de país futuro.

El Grupo de Teatro Catalinas Sur nace en julio de 1983, recién recuperada la democracia y como consecuencia de la inquietud de la Asociación Mutual del Barrio Catalinas Sur de La Boca que propuso la idea de ofrecer talleres a los vecinos, para lo cual se convocó al teatrista Adhemar Bianchi. Es cierto que la asociación ya venía desarrollando actividades comunitarias como forma de resistencia y fortalecimiento del sentido solidario en el marco de la Cooperadora de la Escuela Nº 8 Carlos Della Pena, pero, como la misma se había visto saboteada en los años de la dictadura durante la gestión del Intendente Osvaldo Cacciatore, la Asociación encontró, entonces, el momento de reagruparse, de buscar en el teatro la posibilidad de desarrollar una forma vital de expresión y comunicación con el barrio y la comunidad.

Así nace la agrupación fundadora de teatros comunitarios, que, por entonces, se denominaba Grupo de Teatro al Aire Libre Catalinas Sur. Sus integrantes pertenecían a una generación que creía en el mundo del trabajo, la justicia social y, esencialmente, en el valor de la solidaridad.
Los primeros años de la democracia fueron muy prolíficos para las producciones callejeras. En la ciudad de Buenos Aires se produce lo que uno de sus pioneros, Enrique Dacal, denomina el boom del teatro de calle que expresaba a viva voz lo que por varios años se tuvo que silenciar. Cuando el Grupo de Teatro Catalinas Sur y Los Calandracas (a través del ya conformado Circuito Cultural Barracas) comenzaron a gestar un proyecto de retransmisión de la experiencia artística-comunitaria, no hicieron más que poner en práctica lo experimentado cuando formaron parte del Movimiento de Teatro Popular (MO.TE.PO.), organización destinada a explorar distintas experiencias de arte solidarias y transformadoras de la sociedad por medio de festivales, encuentros y mutua cooperación . “El MO.TE.PO.  surge entre el 26 y 30 de enero de 1989 en la localidad de Tigre, provincia de Buenos Aires, específicamente en el club de Gas del Estado conformado de doce grupos. En esos días, además de intercambiar sus experiencias y mostrar sus realizaciones, se discutieron formas de producción y dinámica interna para su funcionamiento. Cuando la primavera democrática se llevó las ilusiones, muchos grupos se disolvieron, otros se fusionaron y algunos continuaron trabajando” . Integraban el MO.TE.PO la Agrupación Humorística La Tristeza, la Compañía Teatral del Arco Iris Enojado, el Centro de Investigaciones Titiriteras, Diablomundo, la Cooperativa Teatral Rayuela, el Grupo de Teatro Catalinas Sur, el Grupo de Teatro Encuentro, el Grupo La Obra, el Grupo Otra Historia, el Grupo Teatral Dorrego, el Grupo Teatro de la Libertad y los Teatreros Ambulantes Los Calandracas.

En 1993, ya como Grupo de Teatro Catalinas Sur, realiza un convenio con la Dirección de Promoción Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad, por el cual su Centro Cultural recibe el apoyo del Programa Cultural en Barrios. Desde entonces, el grupo del barrio Catalinas de La Boca organiza talleres de teatro, percusión, música, títeres, máscaras, escenografía, vestuario, malabares, zancos, coro, candombe, murga, tango, fabricación de instrumentos, radioteatro, entre otros. Estos talleres, lejos de concretarse para fines individuales, cobran sentido en función del esfuerzo conjunto y se materializan en los diferentes espectáculos que desarrolla la agrupación.

Inspirados en la experiencia comunitaria del vecino grupo de La Boca, en 1996, el grupo Los Calandracas que, desde 1988 ya transitaban el camino del trabajo artístico de resistencia a la cultura dominante con objetivos concretos en el barrio de Barracas, comenzó un proyecto comunitario en el barrio que continúa hasta nuestros días.

En 1996, nace el Circuito Cultural Barracas, otro de los grupos paradigma del movimiento teatral comunitario. Por entonces, como opina Maristella Svampa, “la economía argentina atravesaba un proceso de concentración de la riqueza que repercutió negativamente en los sectores medios más débiles. Dinámicas de ostentación, impunidad, transgresión, excesos, frivolidad, farandulización política, privatizaciones, ilustraban la consagración del modelo consumidor. Ante el desamparo de los excluidos de la fiesta de los noventa, ante las necesidades sin solución y la indiferencia de quienes manejan las estructuras del poder, surge la necesidad de recuperar, descubrir y dilucidar los conflictos sociales y poner de manifiesto los intereses ocultos.” La cultura emerge y se pone al servicio del sistema social porque aparece la necesidad de recuperar los valores, el lenguaje, la palabra, decir lo que debe ser escuchado y, así romper el cerco que asfixió a la sociedad y a la cultura durante tantos años.

Finalmente, el 2001, marcó el tercer punto de inflexión en la proliferación de los grupos de teatro comunitario. Con el aumento de la desocupación, el hambre y la violencia ejercida desde el mismo poder se produce un quiebre social que marca de una manera muy particular a nuestra sociedad. La calle se convierte en escenario de encuentro; con el clamor eufórico del que se vayan todos / que no quede ni uno solo se manifiesta el hastío de la traición de la población hacia aquellos en quienes, con su voto, habían depositado, una vez más, su confianza. Por medio de diferentes maneras, la población volvió a necesitar manifestarse en la calle y ser protagonistas de un cambio social. De la vocación y voluntad de los grupos de teatro comunitario Catalinas Sur y el Circuito Cultural Barracas de incentivar, retransmitir y apoyar la formación de otros grupos de la misma naturaleza, en el año 2002, se conformaron nuevos grupos con vecinos de distintos barrios reunidos con el objetivo común de contar sus historias individuales y, desde ellas, la situación general y la de su lugar de pertenencia. Además de aumentar el número de participantes en los grupos ya conformados, surgieron nuevas agrupaciones como una necesidad creativa y física de decir, mostrar y pensar qué nos hace argentinos y cómo sobrellevamos esa condición. De la angustia provocada por la crisis y como una necesidad auténtica de volcarse al arte, aparecen grupos nuevos de vecinos-actores que, aún con los valores trastocados, fueron y son quienes operan como bisagra dado que, como opina Ricardo Talento, todavía tienen los recursos como para influir en la religazón social que hace falta.

Cuando el proyecto de retransmisión artística encontró el momento social coyuntural después de la crisis política del 2001 y más cantidad de grupos se sumaron al proyecto, se hizo necesaria la conformación de una red. La Red de Teatro Comunitario aparece como una necesidad de aunar objetivos, concentrar esfuerzos, capacitar a nuevos formadores y retransmitir el proyecto artístico no sólo en Buenos Aires sino en todo el país. La red facilita el intercambio de opiniones e ideas a través de reuniones en un centro común para organizar encuentros, festivales, planificar seminarios de perfeccionamiento, programar actividades, comentar logros y dificultades y evacuar dudas, entre otros temas. Hoy, a 27 años del nacimiento de esta propuesta, la Red contiene a más de 40 grupos que trabajan mancomunadamente en este proyecto.

1  Explica Enrique Dacal que el MO.TE.PO. deriva de la “Red de Teatro Popular y Animación de Base” a la que se suma el grupo en el que el artista se desarrollaba: “Teatro de la Libertad”. El  MO.TE.PO. distribuyó tres números de una publicación que se llamó Picadero en el que se declaraba la base teórica fundacional.
2  Reportaje a Héctor Alvarellos, director de La Runfla, en “Producir en grupo. Una historia que se repite”, nota de Edith Scher, Revista Picadero,  publicación del Instituto Nacional del Teatro, Nº 13, 2005.

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